jueves, 11 de julio de 2013

100. Gracias


Hoy hablo yo, ni Guillen, ni un editor, ni Alceste siquiera, Yo. Porque se cumplen 100 entradas y quería agradecer, no siendo esta la palabra más adecuada, a los lectores o paseantes que le han dedicado tiempo, a aquellos fieles y a aquellos infieles, porque en el fondo, para hablar sólos ya tenemos las noches, la multitud, las duchas, las mañanas... 
100 entradas en dos años y medio, no es gran cosa, pero hay que hacerlo igual. "Il faut le faire" como dice alguna. Muchas veces publico menos de lo que me gustaría, pero así es la vida, evito lo primero que me pasa por la cabeza, evito publicar cualquier cosa aunque muchas veces la “cosa” es inevitable.

Gracias por la paciencia y gracias por los ánimos.

Ahora estoy retocando un cuento que iba a enviar a un concurso y al final no lo hice por publicarlo en el blog como entrada "100", aunque será la 101. Hoy o mañana estará listo.

Un abrazo y muchos cariños a todos. 


Fabien G. 
 

domingo, 7 de julio de 2013

“Nos sobran los motivos” del Maestro Sabina

Este adiós no maquilla un hasta luego,
 Este nunca no esconde un ojala,
Estas cenizas no juegan con fuego,
Este ciego no mira para atrás,
Este notario firma lo que escribo,
 Esta letra no la protestaré.
Ahórrate el acuso de recibo, estas vísperas son las de después.
A este ruido, tan huérfano de padre, no voy a permitirle que taladre un corazón podrido de latir,
Este pez ya no muere por tu boca,
 Este loco se va con otra loca,
Estos ojos, no lloran más por ti…


miércoles, 3 de julio de 2013

24. Big daddy

-Lamento que sepas escribir mi apellido. Que mi cara no le sea indiferente y mis mañas con un arma, le puedan alarmar. No pretendo asustarte ni que sientas en tus carnes la perfidia que corre por mis venas, el poder que sacia mi hambre eterna. Porque sé que ya lo sientes.

Recuperó el aliento, miró hacia un lado y al otro y volvió a fijar su mirada en él.

-Me has visto una y otra vez rasgando por dentro el cuero carnoso, el cuero humano.  Me has visto ejecutar lo que amenaza lo mío, corregir con crueldad eso o esos que son  “lo mío”, me has mirado a los ojos día a día durante años, ¿de qué me serviría decirte algo que te asuste? Decirte que vas a morir, ¿Qué sentido tendría? Dímelo Ray, dímelo.

El sudoroso paciente del mal respondió con la voz marcada por la muerte que chorreaba su frente, pálida ya.

-No tendría sentido, Tony.

Y con el sombrero ya en la cabeza recogió delicadamente el expresso de la mesa, dio el último sorbo al café todavía caliente, y se marchó con una palmadita, de sincero cariño, amor, a esa persona que fue su leal empleado, su leal amigo y que en unos segundos desaparecerá.


Así era y sería por siempre el gordo Tony, el genio Tony. Un tío con muchos conocidos.
Desde luego no tenía buen corazón, pero tenía uno, que además de cuando en cuando se ablandaba con botellas de vino y cigarros de marihuana que fumaba con religiosidad.

Y voy a retratarlo para que puedan entender a este amante de la perfección, del arte y del buen gusto. Mientras vayan leyendo estas páginas, les recomiendo  buscar y escuchar “Alligator wine” de Screamin Jay Hawkins.
Elegía la más gorda, ancha y transparente copa de balón que había en su despacho, la dejaba boca abajo justo encima de una vela aromatizada de canela y madera mientras bajaba a la cava a elegir el vino de esa noche. Subía sin decir nada, fijo en sus pensamientos, huyendo de la selva de miradas. Se servía el brebaje en una vasito ligeramente más grande que el de chupito y lo miraba a contra luz. Tenía que tener el  color de la sangre coagulada ya, que pareciese zumo de mora. Si no lo tenía, tiraba la botella e iba a por otra. Cuando pasaba el primer examen, lo olía y si su olfato no dilucidaba las dudas, se mojaba los labios y acariciaba su garganta con algunas gotitas.
Servía su copa y la dejaba reposar y respirar en su escritorio.
Sacaba una bolsita de marihuana, los pelos rojizos brillaban a la luz de la lámpara, el polen volaba por todas partes, polen rojo, amarillo, incluso azul. Diamantes pegados en una flor que deshilachaba con las puntas de los dedos y los colacaba sobre una alfombra de ligero tabaco. Se chupaba los dedos y bebía el primer sorbo de vino.
Lo acostaba en un papel de liar y cuidadosamente lamía las puntas y lo cerraba haciendo un cono perfecto. Con su pluma de oro y rubíes prensaba la punta y quemaba el sobrante de papel con su Dupont de oro y laca china.
Se levantaba de su inmenso trono tras el escritorio y ponía un vinilo en el toca discos. “Pagliacci”  de Leoncavallo, interpretado por Mario Del Monaco. Ahora les recomiendo que como Tony, escuchen “Vesti la giubba” de la obra citada y por el interprete citado y se fumen un porro.  
Con las primeras notas y las primeras palabras de Mario, quemaba la cima del cigarro hasta que la fumata blanca se metía por su nariz y cerebro, babeando hasta sentirse volar con ese payaso que roba las lágrimas de este gigantón que disfruta lentamente, dejándose llevar.


Le encantaba el terciopelo al tacto, la gente y las voces que hablaban en silencio.

sábado, 15 de junio de 2013

23.

Un sólo de trompeta se interrumpía al ritmo de una puerta. Me apresuré a entrar y escuchar las 36 notas negras que chorreaban de grasientos instrumentos, respirar el humo que apenas te dejaba ser y beber el sorbo eterno del Rioja de turno. Los cachetes se iban hinchando, los ojos perdiéndose en la oscuridad de luces naranjas, los labios rojos como sangre humedecían las caras de la primera fila, las mujeres sudorosas que se relamían con la potencia de ese saxo enorme. La madera bajo sus pies saltaba al ritmo de maestros con baquetas y cuerdas y vida entre sus puños, movilizando los extraños cuerpos que como sonámbulos íbamos y veníamos. Sus cigarros, sus copas de ron blanco, la chica de ojos verdes que me miraba ahogándose en mi boca, los cigarros acaramelados, más vino, la chica de los ojos verdes tenía unos labios…

Sólo de batería, lo acompaña un piano intercalando dos notas, un La y un Sol, empieza con golpes secos que se van acelerando y ahogándose como el aliento mortal que rodea ese minuto y medio mágico, en el que la música ahoga la música, en el que no importa nada y todo importa más que nunca, en el que retoma la banda entera y el saxo vuelve a cantarnos al oído. Todo se calmó, los músicos exhaustos ante el clamor popular se resistían a dejar la escena, pero la chica insistía y yo, borracho, arrastraba mis pies apoyado en sus hombros, dejando caer mi peso muerto mientras ella, me miraba.  

domingo, 9 de junio de 2013

22.

Mentirse es inútil, las cámaras no están, no hay nadie, o eso a veces parece. Parece por el vacío de algunas noches, de algunas pesadillas recurrentes, de esos pedazos del alma que ya no volverán. Veo y siento la música perdiéndose tras  el teclado. Es un personaje que asoma delicada la cabeza por el barranco, en el desierto. Sonríe, está feliz, insultantemente feliz. Ha visto a Dios, Dios lo ha visto a él.

No hay nada, todo es mentira, no hay palabras, ni memoria, todo está mal y lo leo, y lo veo. Siento las letras como terciopelo en tu cuello, claro, como el alba misma, suave, como el lecho del ciervo.


El renacer de las cenizas, la vuelta a la vida peloteando entre orgullo y prejuicio, pedaleando en el Retiro para mantener las caderas en sus sitios, robando las miradas tristes y rogando que una me anime. Como tú, como la tuya. 

jueves, 23 de mayo de 2013

21.

En tiempos de lejana Esparta se olvidaban las horas en imperdibles atardeceres, hoy cuando te veo se enmudecen los ojos de países inmensos, se retuercen los pétalos de un adiós, se derriten palabras que una vez tuvieron sentido, que fueron abrazos y hoy, se ahogan como aquel cantando en l’Olympia. Hubo un día en el que los recuerdos eran mis pasos que tropezaban con la arena, eran esas horas que me escondía y espiaba espaldas desnudas cayendome una y otra vez, hubo un día en el que fui lo que soy realmente. El tiempo mece nuestras noches, nos ahoga e imposibilita, nos hace olvidar los porqués, las rutinas… Impotentes acallamos las leyes de la naturaleza con noches enteras acompañados por Eros a tu lado. Invencibles, vencemos el olvido con besos carnosos, labios que te muerden porque otra cosa sería absurda e impensable. Rescatando así la humanidad con nuestra propia humanidad.

jueves, 2 de mayo de 2013

20.

Y dice la lluvia que te echo de menos, cuando cierras los ojos y por ende desapareces ante los míos, dice la niebla que no te veo, pero no es niebla sino mis retinas empañadas de no verte, y me dicen los astros poderosos que eres para mí, pero solo la arena bajo mis pies siente el miedo de perderte. Me lo recuerda suave. Habla el humo de mi boca, con su voz atragantada, con el rocío de tus orejas, hablan mis pestañas con las puntas de tu pelo infinito y tus uñas acarician mi pecho en llamas recitando mi futuro como Apolo travestido de pitonisa, aclarándome que yo también quiero que estés aquí durmiendo las mil y una noches que nos separan de la muerte. El viento desgarra mi piel seca y la posa sobre el ocaso infinito de un atardecer a tu lado. Los excesos nos acercan, la lluvia nos acaricia, tu piel me acuna y los rayos del sol me recuerdan que eres mía solo las mañanas que alumbra la ventana con la lumbre de primavera.